La familia Recanati ha completado la adquisición del 29% que la familia Federman poseía en el Maccabi Tel Aviv Basketball Club, con lo que su propia participación pasa del 29% al 58%. La transferencia de fondos cerró la operación el miércoles por la noche. Su valor se ha cifrado en torno a los 50 millones de dólares, aunque los documentos privados de cierre no se han hecho públicos.
La aritmética reconfigura de inmediato el equilibrio accionarial del club. Dos familias ya no poseen bloques equivalentes; un accionista controla ahora la mayoría del capital. Para una institución cuyo gobierno corporativo ha descansado durante mucho tiempo en varios grupos propietarios consolidados, esa concentración es en sí misma el desarrollo central.
El camino hacia el cierre no fue sencillo. Informaciones anteriores describían un acuerdo por el cual Arik Shtilman, fundador de Rapyd, adquiriría la participación de los Federman. La familia Recanati ejerció entonces su derecho de tanteo, igualando las condiciones para hacerse ellos mismos con ese mismo 29%. El pago del miércoles, por tanto, hizo algo más que confirmar una intención: puso fin al proceso de la operación rival y transfirió las acciones.
El acuerdo tiene también una dimensión histórica. La implicación de la familia Federman abarcó décadas en las que el Maccabi ocupó la posición dominante en el baloncesto israelí y se mantuvo como una institución duradera de la EuroLiga. Su salida elimina a uno de los nombres más estrechamente asociados a esa era. La familia Recanati, ya integrada en el club, no llega como propietaria externa: está consolidando el control desde dentro de la estructura ya existente.
Una participación del 58%, sin embargo, no revela todo el sistema de autoridad. Los informes públicos no han detallado la composición del consejo tras la operación, el umbral de voto para las decisiones reservadas ni las protecciones que conservan los demás accionistas. La propiedad mayoritaria puede otorgar una influencia decisiva en los asuntos ordinarios, pero no debe interpretarse automáticamente como un control unilateral sobre cada decisión estratégica o financiera.
El precio de compra reportado exige una distinción similar. Los aproximadamente 50 millones de dólares valoran la participación que cambió de manos; no constituyen un nuevo presupuesto deportivo ni se destinan por definición a las operaciones baloncestísticas. Los fichajes, los recursos técnicos y el gasto en la EuroLiga dependen de decisiones operativas independientes: tratar el valor de la adquisición como dinero disponible para lo deportivo confundiría el precio de la propiedad con la financiación del equipo.
Las revelaciones que importarán a partir de ahora serán de carácter práctico, no ceremonial: quién se sienta en el consejo, cómo se reparten las responsabilidades, si los accionistas aprueban un presupuesto plurianual distinto y qué ejecutivos asumen el mandato resultante. Esos detalles mostrarán si una propiedad concentrada se traduce en decisiones más rápidas, mayor inversión o simplemente una nueva distribución de las mismas obligaciones.
Por ahora, el límite confirmado es claro. El 29% de la familia Federman ha cambiado de manos, la participación de los Recanati ha alcanzado el 58% y el Maccabi Tel Aviv ha entrado en una fase de propietario mayoritario. La transacción en sí está cerrada; su significado deportivo lo determinarán decisiones de gobierno corporativo y de capital que aún no se han hecho públicas.



