Arik Shtilman, cofundador y consejero delegado de la empresa de pagos Rapyd y principal patrocinador del club de baloncesto Maccabi Tel Aviv, ha lanzado una demoledora valoración de la familia Recanati apenas unos días después de que esta completara la compra que la convirtió en propietaria mayoritaria del club. "Desde su perspectiva, los aficionados son un cajero automático que se supone que debe financiarlos", declaró en el pódcast israelí Anachnu BaMapa ("Estamos en el mapa"), unas palabras recogidas por un medio deportivo israelí el viernes por la noche.
La crítica tiene su origen en una batalla por el control del club que Shtilman perdió. A finales de mayo acordó adquirir la mitad de Fedanco Sports, el vehículo de inversión de la familia Federman que poseía el 29 % del club, y junto con sus socios propuso inyectar unos 30 millones de dólares, un acuerdo siempre condicionado a que el resto de accionistas renunciaran a su derecho contractual a comprar esa participación ellos mismos.
La familia Recanati ejerció precisamente ese derecho de tanteo. El miércoles completaron una compra valorada, según lo reportado, en unos 50 millones de dólares, que elevó su participación del 29 al 58 % y dejó a Shtilman fuera de la estructura accionarial.
En el pódcast calificó la operación como oportunismo financiero más que ambición deportiva, alegando que la familia había comprado las acciones solo para revenderlas a un precio más alto y que el ego y el control les importaban más que el equipo. Aseguró que temen el cambio y se niegan a comunicarse con la afición.
También ofreció su propia versión de una primera junta de accionistas, en la que dijo haber presionado para conseguir un presupuesto mayor, mientras que Udi Recanati fue el único accionista que se opuso a un aumento, respaldado por el veterano presidente Shimon Mizrahi. Se trata de descripciones de Shtilman sobre conversaciones privadas, ninguna de las cuales ha sido corroborada de forma independiente.
Sus afirmaciones más concretas se referían a los fichajes. De no haberse ejercido el derecho de tanteo, sostuvo, el Maccabi probablemente habría asegurado a dos pívots de primer nivel y un base más para mediados de julio, y citó a Bruno Fernando, Richaun Holmes y Tomas Satoransky entre los jugadores que podrían haber llegado, mientras que Mike James y Shane Larkin se barajaron pero fueron descartados por motivos deportivos.
Sugirió además que el presupuesto se había recortado desde entonces, y vinculó la prolongada renovación de Iffe Lundberg con el coste del fichaje de Yam Madar, que según él mismo impulsó. Ni el club ni ninguno de los jugadores mencionados ha comentado esas afirmaciones.
Shtilman dejó claro que no tiene intención de renunciar al patrocinio, en virtud del cual el equipo compite como Maccabi Rapyd Tel Aviv bajo un acuerdo de siete años, pero prometió mantener una presencia contundente. "Rapyd no seguirá en la camiseta de un equipo de la Euroliga que no sea competitivo", afirmó, alegando que aproximadamente el 80 % de los aficionados comparte su opinión, y prometió regresar a la estructura de propiedad antes de lo que la gente espera. Con un presupuesto adecuado para el director deportivo Claudio Coldebella y el entrenador Oded Katash, sostuvo, aspirar a la Final Four sería realista.
La familia Recanati no fue citada en respuesta y no había ofrecido ninguna réplica pública en el momento de la publicación. Su postura declarada sigue siendo la propia operación: el diario económico Globes ha informado de que la familia tiene previsto invertir decenas de millones de dólares en el presupuesto deportivo en los próximos años, y Udi Recanati ha declarado anteriormente que prefiere trabajar discretamente entre bastidores mientras Mizrahi es la voz pública del club. Por ahora, el relato público más incisivo sobre la sala de juntas del Maccabi procede de una de las partes de una disputa cuya contraparte ha optado, al menos públicamente, por el silencio.



