La noticia de que el Maccabi Haifa había alcanzado un acuerdo con Andrija Novakovich —un traspaso que, como ya se informó, aún está pendiente del reconocimiento médico— dejó esta semana a la afición con una pregunta obvia: ¿quién es exactamente? La respuesta recorre un pequeño pueblo de Wisconsin, la segunda división neerlandesa y cinco vestuarios italianos, y, lo más intrigante, desemboca directamente en el propio plantel de Haifa, donde Kenny Saief llevaba ocho años esperando un reencuentro que por fin se hace realidad.
Los dos estadounidenses comparten un momento muy concreto. El 27 de marzo de 2018, en Cary, Carolina del Norte, Estados Unidos se midió a Paraguay en un amistoso; esa noche Novakovich sumó la primera de sus tres internacionalidades, mientras que Saief —el centrocampista criado en Israel que había optado por representar al país de su nacimiento— disputó su primer partido como titular. Según el perfil publicado por ONE, ambos compartieron habitación durante aquella concentración, y la amistad que forjaron entonces es parte de lo que allanó el camino del delantero hacia el Carmelo, donde Saief juega desde comienzos de 2024.
La historia de Novakovich empieza en Muskego, Wisconsin, donde nació en septiembre de 1996, hijo de padres serbios. Delantero prolífico en sus años escolares —una temporada con 41 goles le valió el premio Gatorade al mejor jugador de Wisconsin—, cruzó el Atlántico siendo adolescente para incorporarse en 2014 a la academia del Reading, una ruta inusualmente audaz para un delantero estadounidense de su generación.
La apuesta por Inglaterra nunca terminó de cuajar. Novakovich apenas disputó tres partidos de Championship con el Reading, y hicieron falta dos cesiones a los Países Bajos para revelar su verdadero potencial: 19 goles en 35 partidos de liga con el Telstar, de segunda división, en 2017-18, y nueve en la Eredivisie la temporada siguiente, cedido en el Fortuna Sittard. Esas cifras convencieron al Frosinone de ficharlo en propiedad en 2019.
La Serie B se convirtió en su hábitat natural. En tres temporadas con el Frosinone marcó 18 goles en 95 partidos de liga, cifra suficiente para que el Venezia lo comprara en 2022. Allí la historia dio un giro: su producción goleadora se redujo a un solo tanto, y pasó las dos temporadas siguientes a préstamo, con seis goles en el Lecco en 2023-24 y tres en el Bari al año siguiente.
El pasado verano firmó un contrato de dos años con el Reggiana, y la temporada que siguió resumió su carrera en miniatura. Terminó con cinco goles en liga, se llevó una tarjeta roja por el camino, y remató de cabeza el único gol del partido ante la Sampdoria en la última jornada de mayo —un tanto de la victoria que quedó en nada, ya que los resultados en otros campos condenaron de todos modos al Reggiana al descenso a la Serie C. El perfil israelí informa de que llega a Haifa como agente libre.
¿Qué tipo de delantero es? Con 1,93 metros, Novakovich es un referente clásico del área: un ariete que ocupa a los centrales, protege el balón de espaldas y hace entrar en juego a los llegadores desde segunda línea. Guido Angelozzi, el director deportivo que trabajó con él en el Frosinone, es citado en el reportaje israelí elogiando su potencia física y su aportación al juego colectivo.
Las críticas que lo han perseguido por Italia son igual de constantes: un porcentaje de acierto de cara a portería modesto, poca velocidad y una tendencia a rendir mejor lejos del área rival —un sector de la prensa italiana llegó incluso a calificarlo de 'delantero defensivo'—. Esa fama define lo que en realidad está comprando el Maccabi Haifa. No se trata de un fichaje pensado para llevar el ataque sobre sus espaldas; el propio perfil sugiere que no se hará con un puesto de titular de inmediato.
Más bien, Haifa incorpora a su rotación un tipo de delantero distinto: una salida aérea para una larga temporada israelí, y un presionador entregado que hace mejores a sus compañeros incluso en las noches en las que no marca.
Está también el cálculo más simple y humano. Novakovich cumple 30 años en septiembre, y tras una década de mudanzas —Inglaterra, los Países Bajos, cinco clubes italianos—, Haifa representa a la vez un nuevo comienzo y, es plausible, una última gran oportunidad. La adaptación ha sido la prueba recurrente de su carrera; esta vez, por primera vez desde aquella noche en Carolina del Norte, la afrontará con un amigo ya dentro del vestuario.



