El fútbol israelí ha registrado reducciones sustanciales en dos de los problemas más persistentes en sus estadios: los cánticos racistas y los artefactos pirotécnicos lanzados al terreno de juego. Las nuevas cifras totales son alentadoras, sobre todo porque llegan tras un cambio deliberado en la política disciplinaria. Pero todavía no constituyen una medida completa del comportamiento de la afición. Los datos disponibles contabilizan condenas o incidentes identificados, no cada ocurrencia, y no ofrecen un denominador por partido o por asistencia.

Las cifras de racismo detrás del descenso titular: 19 condenas a clubes en los primeros seis meses de la temporada 2025/26, antes de que entraran en vigor las normas modificadas, frente a cinco en los cuatro meses siguientes. En términos de cifra bruta, cinco supone un 74% menos que 19. Pero como los periodos tienen una duración desigual, eso no equivale a una caída del 74% en la tasa mensual: la media pasa de unas 3,2 condenas al mes a 1,25, una reducción de aproximadamente el 61%. Ambos cálculos apuntan en la misma dirección; solo uno ajusta por el tiempo.

El cambio normativo fue aprobado por la Asociación Israelí de Fútbol en diciembre y entró en vigor el 1 de febrero de 2026. Su comunicado oficial amplió la respuesta disciplinaria frente al racismo y la discriminación: multas más elevadas y progresivas, restricciones a la venta de entradas para la afición visitante, y la posibilidad de que los clubes presenten programas estructurados de prevención. El diseño busca modificar los incentivos antes de que se produzca la infracción, en lugar de dejar el castigo posterior al partido como única política.

Esa tendencia doméstica debe leerse junto a una decisión independiente de la FIFA. En marzo, el organismo rector del fútbol mundial constató múltiples incumplimientos de las disposiciones disciplinarias relativas a comportamientos ofensivos y discriminación, multó a la IFA con 150.000 francos suizos, emitió una advertencia y ordenó un plan de prevención. Los nuevos totales de condenas no anulan esa resolución, y la resolución tampoco demuestra que las medidas posteriores hayan fracasado: ambas abordan periodos distintos y cuestiones institucionales diferentes.

La comparación en materia de pirotecnia abarca un periodo más largo. Se registraron quince casos de artefactos lanzados al terreno de juego en 2022/23, frente a ocho en 2025/26, una reducción cercana al 50%. Esa distinción importa para la seguridad: una bengala en una grada y un objeto que cae sobre el terreno de juego no representan el mismo riesgo.

Sin embargo, las cifras publicadas vuelven a carecer del número de partidos supervisados, las competiciones incluidas y una descripción coherente de los métodos de detección, por lo que deben leerse como un indicador y no como una tasa de incidencia definitiva.

La política puede mover esas cifras por algo más que la severidad de las sanciones. Una sanción que afecte al acceso de la afición visitante o a las consecuencias deportivas da a los grupos organizados de aficionados un incentivo directo para vigilar su propia grada, mientras que los planes de prevención de los clubes pueden abordar la educación, la denuncia y el control de acceso. El riesgo es que un total disciplinario más bajo también pueda reflejar una infradeclaración o un cambio en los criterios de aplicación, más que una mejora genuina del comportamiento. La confianza pública dependerá de definiciones transparentes y de datos temporada a temporada, no de porcentajes aislados.

La conclusión más responsable es positiva pero provisional. Las condenas por racismo cayeron con fuerza tras la enmienda de febrero, incluso una vez corregidos los periodos de tiempo desiguales, y los incidentes de pirotecnia lanzada al terreno de juego se sitúan muy por debajo del total de 2022/23. El siguiente paso es publicar cifras normalizadas por partido, distinguir las denuncias de las condenas y mostrar si la mejora se mantiene a lo largo de una temporada completa bajo las nuevas normas. Si es así, el fútbol israelí dispondrá de pruebas de un cambio de comportamiento y no solo de una instantánea favorable.